Nanoescándalo a la mexicana


La ciencia por gusto
Martín Bonfil Olivera

El papel de un jefe no es mandar, sino ayudar a que los demás trabajen. Sobre todo en una institución académica. Por desgracia, los burócratas rara vez lo entienden, ni siquiera si son académicos que ocupan puestos de mando.

Triste ejemplo: el escándalo internacional desatado ante el despido de dos de los investigadores más productivos del país, los expertos en nanociencias y nanotecnología, Humberto y Mauricio Terrones Maldonado, del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt).

Se trata del último episodio —hasta ahora— de un conflicto ya largo. Los hermanos Terrones han tenido repetidos problemas con la dirección de dicho instituto, que los acusa de conflictivos, de no ajustarse a las normas e incluso de haber patentado algunos procesos con empresas privadas e instituciones extranjeras sin respetar la legislación mexicana.

Por su parte, los investigadores se dicen víctimas de acoso laboral desde su participación en el proceso de destitución del anterior director del Ipicyt, José Luis Morán (inhabilitado diez años por violar la normatividad presupuestal). Los problemas entre los hermanos Terrones Maldonado y el actual director, David Ríos Jara, no han hecho sino aumentar.

El premio Nobel y pionero de la nanotecnología Harold Kroto, con varios destacados miembros de la comunidad científica internacional, ha defendido repetidamente a los dos científicos despedidos. El 11 de marzo la revista Nature, una de las publicaciones científicas más influyentes del mundo, divulgó un reportaje al respecto y una carta donde Kroto afirma que “son la ciencia y México los perdedores en este pleito político”, y pide la intervención de Felipe Calderón “o el prestigio de la ciencia mexicana y los prospectos para su desarrollo tecnológico sufrirán, ya que los jóvenes científicos mexicanos no querrán regresar a su país luego de formarse en el extranjero”.

Si uno tiene dos estrellas internacionales, debe cuidarlas. Aun sin son divas, aun si son conflictivos. La incapacidad del Ipicyt para conciliar ha resultado en un descrédito de la ciencia nacional y la perspectiva de que pretender hacer investigación científica en México no tiene sentido. Al menos en este caso, burocracia mata ciencia.

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Fuente:http://impreso.milenio.com/node/8740095